Nuestra compañera Nereida leyó este texto en homenaje a la mujer durante el acto celebrado en el salón de actos del Centro Sociosanitario El Pino el 8 de marzo de 2018 por el Día Internacional de la Mujer.
Para ti mujer, ser inigualable que dejas tus huellas por donde pasas. Mujer, hija, madre, abuela, amiga, trabajadora, que en cada etapa de tu vida siembras cariño, amor y verdad.
Que se pare el mundo, o al menos, que se vea que sin el trabajo, el consumo y los cuidados de las mujeres es un mundo completamente distinto.
Es un día especial, una fiesta que tiene los ecos del siglo XX. Todavía respiran con nosotros muchas de esas mujeres que han ido labrando nuestra historia colectiva con el talante firme que reivindica la igualdad en cada gesto.
Nacieron en una época que se olvidó de contarlas como parte del todo, pero supieron adaptarse y abrir nuevos espacios en los que se han consolidado transmitiendo una mirada igualitaria y dialogante.
Pienso en nuestras madres, en nuestras abuelas, en ustedes, herederas todas de las luchadoras de otros siglos, grandes mujeres que arrastran un pasado, que nos dan perspectiva, y que conviven en este presente con las mujeres que nacimos en el siglo XXI.
Somos mujeres de varios tiempos en una misma geografía, en un mismo espacio. A muchas de ustedes, les tocó nacer en una sociedad que no pensaba con el vocabulario de la igualdad entre hombres y mujeres. Casi tuvieron que pedir permiso para ser ustedes mismas y crecer sin complejos. Trataban de buscar un equilibrio secreto entre lo que les dejaban opinar y su propio talante feminista. Porque, como todos, ustedes, también querían estudiar carreras, tener trabajos dignos y formar parte activa de la sociedad de su tiempo en condición de igualdad.
Son muchas historias de mujeres luchadoras que todavía se repiten con diferentes tramas, pero están marcadas por una esencia parecida. Algunas de ustedes, por ejemplo, se quedaron viudas muy pronto, y sacaron a sus hijos adelante en una España sórdida que no las veía, y lo hicieron con una generosidad y unas habilidades impensables que hoy nos conmueven.
Ustedes, que envejecieron arrastrando la invisibilidad de su siglo y saben lo que es ser dejadas de lado, vivir en precario, hacer milagros con la despensa, siempre dan lecciones inolvidables.
Las mujeres de ayer, que dan su ejemplo, su fuerza, su amor, su solidaridad, son la energía que necesitamos para seguir construyendo un próspero futuro. Muchísimas gracias.
Las mujeres de ahora, y de mañana, también llenas de vida y perspectiva, tendremos que seguir luchando y creando cada vez más lazos de unión y fuerza que pongan en alza nuestro valor y reconocimiento en la sociedad. Ánimo, y gracias por nacer mujer.